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Silencio....

Desgarradura.

Desgarradura.

Te deshaces como el hielo, llevándote mi última lucha en este valle de lágrimas. No la ignominia, solo la amargura de la derrota. Corazón: ¿Por qué me has derrotado si primero vitalidad influías en mi corazón?, ¿No es acaso el abandono y la ausencia el peor tormento? Cruel desgarradura verte humano, ya no celeste y divino, sino humano demasiado humano y poder tenerte a mi lado, y sea tu voluntad la que elija otro dueño, otra posesión. Porque los amores, mientras más imposibles, dolores más soportables generan, pero cuando se tornan tangibles en desgracia degeneran. ¡Tan inocente y torturador! ¡Señala mi pecado para espiarlo! ¡Revienta la llaga para que salga la inmundicia! ¡No me dejes la penitencia del solitario! ¡Toma mi mano y señálame el camino, tú a quien me encomiendo! Súplicas y súplicas no ablandan tu corazón, sigues el navío que ha de llevarte a aquella lejana patria, que no es la tuya. ¿No lo ves acaso? Esta es tu tierra, tómala. El extranjero poca valía posee. Pero aquí todo lo tienes, nada te falta. ¡Ay, no retrocedes! Rasgo mis vestiduras y la sangre comienza a mezclarse con las lágrimas de mis mejillas. ¡Ay, no retrocedes! Continúas con la vista fija en el horizonte. ¿Qué puedo hacer amor y dolor mío? No basta la sangre, motor de vida para detenerte en tu resignada partida. Las olas te llevan, y caigo de rodillas derrotado. ¿Podrá este último y lastimero alarido detenerte? Resuena temible en la distancia. No volteas, no te mueves. Ni el amor ni la lástima han logrado nada. Caigo pesado en el suelo con la oscuridad rodeándome. Todo en silencio, solo el silencio de tu partida.

 

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